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3 batidos ricos en fibra para bajar de peso y empezar el día con energía

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Estos deliciosos batidos te permitirán sentir saciedad durante varias horas para no tener la necesidad alimentos a cada rato.

Muchas personas consideran que las dietas para adelgazar son platillos llenos de verduras y sin sabor; sin embargo, gracias a los diferentes alimentos que la naturaleza nos brinda, podemos realizar los batidos, que son súper nutritivos y deliciosos.

Por ello, si te encuentras en búsqueda de alguna alternativa sana y deliciosa para bajar de peso, en las siguientes líneas te mencionaremos algunas recetas cuidar tu peso y mantenerte lleno de energía, señalados en el portal Mejor con salud. ¡Atenta y toma nota!

1. Batido de manzana, kiwi y nueces

3 batidos ricos en fibra para bajar de peso y empezar el día con energía

Ingredientes

  • 1 manzana con piel.
  • 1 vaso de bebida de avena (200 ml).
  • 2 nueces.
  • 1 kiwi.
  • Miel (opcional).

Preparación

Primero, lavar la manzana y cortarla en cuatro partes. Consecutivamente, pela el kiwi y córtalo en dos mitades. Luego, cuando tengas todos los ingredientes listos, llévalos a la licuadora y procesa todo el contenido y listo, puedes endulzarlo con un poco de miel.

2. Batido de kéfir, higos y fresas

3 batidos ricos en fibra para bajar de peso y empezar el día con energía

Ingredientes

Preparación

Este batido va a tener una consistencia muy espesa, una especie de yogur líquido que te permitirá cuidar muy bien de tu salud intestinal. Para iniciar con la preparación primero debes limpiar los higos y las fresas, y pártelos por la mitad.

Luego, introduce en la licuadora el kéfir, las fresas y los 5 higos. Procesa bien este delicioso combinado natural y sirve en un vaso.

3. Batido de plátano, canela, coco y dátiles

3 batidos ricos en fibra para bajar de peso y empezar el día con energía

Ingredientes

  • 1 plátano en su punto justo de maduración.
  • 3 dátiles.
  • 150 ml de bebida de avena.
  • ½ cucharadita de canela en polvo (2 g).
  • 1 cucharadita de aceite de coco (3 g).
  • 2 nueces.

Preparación

Primero pela el plátano y córtalo en tres trozos. Luego, quita el carozo a los dátiles para poder procesarlos de forma más sencilla. Incluye en la batidora todos los ingredientes y mezcla hasta tener un bebida homogénea y listo.

Cabe mencionar que, debido a la gran cantidad de fibra que contienen estos batidos, ingerirlo en el desayuno ayudará a sentir saciedad y se evitará el estreñimiento.

Fuente: Wapa (https://wapa.pe)

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‘Smoothie bowl’ de espinacas y kéfir

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Una receta refrescante, llena de nutrientes, sabrosa, healthy, original y vitamínica. Hoy os traemos la receta de ‘Smoothie bowl’ de espinacas y kéfir:

Nº de Personas: 4

Ingredientes:

  • 25 g de semillas de chía (negras)
  • 500 g de Kéfir
  • 100 g de hojas tiernas de espinacas
  • 1 plátano grande
  • 50 g de mermelada de almendra
  • 60 g de néctar de agave

Para decorar:

  • 100 g de albaricoques secos
  • 100 g uvas ligeras, sin semillas
  • 2 cucharaditas de sésamo
  • 4 hojas de espinaca

Preparación:

  1. Mezcla las semillas de chía con 30 g de kéfir y déjalas en remojo durante la noche en la nevera.
  2. Lava las hojas de espinacas y córtalas en trozos pequeños.
  3. Pela el plátano y córtalo en pedazos.
  4. Haz puré con las espinacas, el kéfir, el plátano, la mermelada de almendras y el néctar de agave. Entremezcla las semillas de chía y el kéfir y agregua la mezcla de espinacas.
  5. Corta los albaricoques en tiras finas.
  6. Enjuaga las uvas y córtalas por la mitad.
  7. Llena los boles con el barido. Coloca los albaricoques y las uvas en la parte superior y adorna con una hoja de espinaca.
  8. Sírvelo espolvoreado con semillas de sésamo.
Fuente: Hola (www.hola.com)

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Semillas de chía, lino, amapola… Así debes comerlas para aprovechar sus nutrientes

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Así es como tienes que consumir las semillas según los nutricionistas y esta es la receta estrella que puedes preparar.

Hay muchos desayunos saludables que nos pueden cargar de energía y las cuentas de Instagram de las famosas son una gran fuente de inspiración para preparar los más bonitos. Pero si algo tienen en común todos los que las celebs nos muestran son las semillas. Pero ¿son estas algo más que un elemento de decoración?

Las semillas se han puesto de moda y decoran muchos de los platos más ‘instagrameables’ del momento pero ¿las consumimos realmente como deberíamos? Bárbara Hernández, dietista, nutricionista y creadora del proyecto de nutrición Cocosinsal, nos cuenta que todas las semillas conservan los nutrientes en su interior y que, por lo tanto, debemos consumirlas de tal manera que podamos acceder a ellos. Es decir: masticándolas, hidratándolas o machacándolas.

Semillas de chía, lino, amapola...Así debes comerlas para aprovechar sus nutrientes

Las semillas de calabaza y girasol se pueden consumir entonces sobre una tostada sin haberlas tratado previamente. Las de chía, amapola o lino, por el contrario, habría que molerlas o hidratarlas. Para hacer esto último basta con dejaras en un recipiente con agua en la nevera. Cuanto más tiempo las dejemos mejor pero como mínimo tendremos que esperar 10 minutos. Hernández asegura que con kéfir y yogur también son recomendables porque “le damos a nuestro yogur un aporte extra de nutrientes”.

Las semillas en general, como indica la nutricionista, son fuente de fibra, proteínas y omega 3 pero, tal y como ella misma nos advierte, no son la panacea. Consumimos como mucho una cucharadita de semillas en nuestros platos por lo que su aporte de nutrientes es muy reducido. Según la experta hay que tener en cuenta las cantidades. Es cierto que las semillas de chía por ejemplo previenen el estreñimiento pero no son, a su entender, un superalimento en el sentido de que hay otros muchos alimentos que tienen iguales beneficios. Bárbara asegura que la clave está en llevar una alimentación equilibrada y no olvidar que hay otros alimentos que consumimos con regularidad que también reportan beneficios a nuestro organismo. Reconoce sin embargo que las semillas conceden un plus visual a nuestros platos y se muestra a favor de su consumo sin olvidar, una vez más, que el secreto está en llevar una dieta sana y comer de todo en las cantidades adecuadas.

Para disfrutar de un rico desayuno nutritivo a partir de las semillas de chía (entre otras muchas), te recomendamos que te inspires en la cuenta de Instagram @ayearofbreakfast de Sandra Santacana, donde puedes encontrar riquísimas recetas como la que te vamos a mostrar.

Semillas de chía, lino, amapola...Así debes comerlas para aprovechar sus nutrientes

Para prepararla necesitas tres cucharadas de semillas de chía, medio vaso de leche de coco y una cucharada de yogur natural. Lo único que tienes que hacer es dejar reposar la mezcla por lo menos 30 minutos en la nevera (aunque se recomienda dejarlo toda la noche) y añadir, cuando lo vayas a consumir, tus toppings favoritos. Sandra Santacana ha usado fresas, frambuesas, arándanos, chocolate negro y coco tostado. La amante de los desayunos saludables cuenta con otras muchas recetas en su perfil de Instagram y te invitamos a conocerlas.

Fuente: Telva (www.telva.com)

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Panacota de chirimoya

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La cocina puede transportarnos a casa y a los sabores de siempre. Los hermanos Torres apuestan hoy por comida confortable con esta receta: Panacota de chirimoya.

Ingredientes

  • 500 g chirimoya limpia.
  • 400 g nata.
  • 3 veinas vainilla.
  • 8 hojas gelatina
  • 240 g kéfir.
  • una cucharada miel.
  • Para la base de galleta.
  • 200 g galletas maría.
  • 100 g aceite de coco.
  • 2 plátanos canarios.

Preparación

  1. La panacota. Hidratar la gelatina en agua fría. Pelar las chirimoyas, retirar las semillas y triturar. Infusionar la nata con la vainilla. Cuando empiece a hervir, retirar del fuego y quitar la vaina de vainilla. Añadir la gelatina hidratada, el kéfir, la chirimoya triturada y la miel. Mezclar bien y colar.
  2. La base de galleta. Triturar las galletas maría junto con el plátano y aceite de coco. Repartir la base en el fondo del molde y poner en la nevera hasta que endurezca (1 hora aproximadamente).
    Montar la panacota. Poner una base de galletas en cada bol y encima la panacota. Reservar en la nevera unas 4 horas, hasta que cuaje.
  3. El caramelo de mora. Triturar las moras y colar. Hacer un caramelo fundiendo el azúcar con un poco de agua. Añadir la pulpa colada de mora y dejar hervir removiendo bien hasta que quede un caramelo fino, sin grumos.
  4. Retirar la panacota de la nevera, desmoldar y verter el caramelo por encima.

Información nutricional

Receta apta para:

  • Intolerantes gluten NO.
  • Intolerantes lactosa NO.
  • Vegetarianos NO.
  • Veganos NO.
Fuente: RTVE (www.rtve.es)

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Mononucleosis: en qué consiste y los alimentos para luchar contra ella

Tiempo de lectura: 4 minutos

Para confirmar la presencia del virus de Epstein-Barr en el organismo y, al mismo tiempo, la mononucleosis infecciosa, se puede aislar a través de una muestra de saliva, sangre o tejido linfoide.

La mononucleosis, conocida también como la enfermedad del beso al propagarse a través de la saliva, es una infección vírica provocada por la presencia del virus de Epstein-Barr en el organismo. Aunque este no es el único microorganismo que puede estar detrás de dicha afección, algunos expertos señalan también al citomegalovirus, pero en menor medida. En términos generales, los adolescentes entre 15 y 17 años, así como los adultos jóvenes, son los grupos más sensibles a contraer mononucleosis.

Como acabamos de ver, lo normal es que se transmita por la saliva, un dato que abarca gestos tan cotidianos como un beso, compartir vasos o cubiertos, hablar muy cerca del rostro de otra persona o incluso estornudar. Afortunadamente, la mononucleosis no es tan contagiosa como otras dolencias de carácter infeccioso como, por ejemplo, el resfriado común. Bajo esta premisa, ¿qué sintomas acompañan a la enfermedad?

Signos propios de la mononucleosis

Esta afección tiene un periodo de incubación aproximado de 15 días, durante los cuales los síntomas permanecen en reposo. En cambio, cuando la mononucleosis hace por fin acto de presencia, el paciente suele experimentar molestias tan variadas como fiebre elevada, dolor en el abdomen, cefaleas, erupciones cutáneas, debilidad muscular o fatiga.

En el peor de los casos, también puede provocar un aumento del tamaño de los ganglios y de la frecuencia cardiaca, dificultad para respirar, hipersensibilidad a la luz, la inflamación del revestimiento interno de las amígdalas y la faringe, conocida como faringoamigdalitis; o incluso hepatitis, eso sí, totalmente benigna. “La fiebre normalmente empieza a ceder a los días de iniciarse la enfermedad, mientras que la inflamación de los ganglios linfáticos y el bazo remiten después de cuatro semanas. Sin embargo, la sensación de fatiga puede prolongarse hasta tres meses”, explican desde Sanitas.

Mononucleosis: en qué consiste y los alimentos para luchar contra ella

Dicha sintomatología es precisamente la mejor herramienta para diagnosticar la mononucleosis infecciosa, además de las alteraciones que puede sufrir la sangre, como un incremento de los leucocitos o las transaminasas. No obstante, también se puede recurrir a estudios serológicos que demuestran la presencia de anticuerpos en el organismo y que ayudan a diferenciar esta afección de otras muy similares.

Métodos de prevención y tratamiento adecuados

En primer lugar, al tratarse de una enfermedad que se transmite por la saliva, si ya estáis infectados, lo mejor es que evitéis todos aquellos gestos expuestos anteriormente durante varios días o, al menos, hasta que los síntomas más complicados hayan desaparecido. Y es que el virus de Epstein-Barr puede permanecer en la saliva durante varios meses después de la infección, de ahí la importancia de ser precavidos.

La mononucleosis puede transmitirse por gestos tan cotidianos como un beso o un estornudo

Por otro lado, si estáis sanos y salvos y queréis evitar el contagio, debéis prestar especial atención a la higiene, sobre todo en lo que a las manos se refiere. Intentad lavarlas con agua y jabón con relativa frecuencia.

En cuanto al tratamiento para aliviar los síntomas y acelerar la recuperación, “los antivirales no suelen ser efectivos […] Debe ingerirse mucho líquido para mantener la hidratación del organismo y guardar reposo, especialmente cuando el bazo está inflamado (para evitar su rotura). El paracetamol y los analgésicos permitirán combatir la fiebre y el dolor, respectivamente”, añade Sanitas. Eso sí, el consumo de dichos fármacos debe ser recetado por un médico que conozca a la perfección vuestro cuadro clínico y el estado de la enfermedad.

Alimentos para combatir los virus

Aunque, como acabamos de ver, debe ser un profesional de la salud quien nos aconseje los mejores métodos para paliar la enfermedad, la alimentación a veces puede actuar como un complemento del tratamiento principal. En este caso, es posible que en nuestra despensa tengamos algunos ingredientes capaces de hacernos ‘inmunes’ a los virus y las bacterias. ¿Cuáles pueden ser los más efectivos?

  • Jengibre. Esta raíz es el aliado perfecto de nuestras defensas y, por consiguiente, del sistema inmunitario que puede mantener a raya las infecciones. De hecho, sus infusiones suelen formar parte de la dieta recomendada cuando se padece un resfriado o faringitis, debido también a su efecto antibiótico y antibacteriano.
  • Kéfir. Los alimentos fermentados, entre los que destaca el kéfir, crean vitaminas y enzimas digestivas que al ingresar en nuestro organismo luchan contra la inflamación y facilitan la desintoxicación del mismo. Otros miembros de esta familia son el chucrut, el miso o el kombucha.
  • Canela. Además de ser rica en antioxidantes, la canela ayuda al sistema inmunológico a través de sus propiedades antifúngicas, antivirales y antibacteriales.
  • Ajo. Como ya hemos visto en más de una ocasión, el ajo es el antibiótico natural por excelencia, motivo de peso para incluirlo en nuestra dieta y así combatir las infecciones. Algunos expertos recomiendan incluso consumirlo crudo por las mañanas para asegurar sus efectos. Eso sí, con precaución.
  • Toronja. Al ser una fuente considerable de vitamina C, esta fruta cítrica sirve para hacer frente a las enfermedades virales y bacterianas. Sobre todo, aquellas provocadas por levaduras. Además, para multiplicar su eficacia, podemos combinarla con algunos de sus parientes como la naranja, el limón, el kiwi o la fresa.

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Lentejas con berenjenas y Kéfir

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Las recetas a base de legumbres guisadas con todo tipo de verduras son estupendas en estos días locos en los que no sabes si te va a tocar ponerte la rebequita o espanzurrarte al sol.

Los platos calientes pero no demasiado -o solo si quieres- son unos grandes aliados en esta época del año en la que por la mañana tienes que salir en parka, a las dos de la tarde clamas por una falda hawaiana -y una piña colada- y a partir de las 17 nadie sabe lo que puede suceder. Cuando puedes vivir las cuatro estaciones en un día, un cocido puede ser un gustirrinín y lo mismo pasa con un gazpacho.

En estas complicadas circunstancias lúdicoalimentarias, los platos ligeros a base de legumbres, sin demasiada carnaza y que pueden comerse a temperatura ambiente son unos buenos compañeros de viaje. “¿Y por qué no puedo tomarme yo mi fabada también fresquita? Ya estamos con que si hay que comer menos cerdo”, pensaréis algunos. Básicamente lo que pasa es que las texturas tirando a grasitas y gelatinosas de las carnes y embutidos que se suelen usar como avíos están buenas bien calientes y no a medias.

Si necesitáis ponerle algo de proteína animal porque si no es como si no comieras, pensad en pechuga de pavo, contramuslo de pollo o un poco de salmón ahumado. Pero de verdad no os va a pasar nada por coméroslas así: podéis hacer el sabor aún más intenso añadiendo un chorrito de vino blanco seco al caldo y hacerlo subir o bajar de picante a vuestro gusto. Unas gotitas de vinagre -o unas piparras trocedas- rematarán la jugada si os gusta este toque.

Podéis usar cualquier tipo de lenteja que no necesite remojo, evitando las rojas (porque no tienen hollejo y se harán puré). Caviar, verdina, pardina, rubia castellana… las posibilidades son casi infinitas. El tiempo de cocción concreto depende de la dureza del agua, pero suele rondar los 35 minutos. Aunque no necesiten este tratamiento previo, si tenemos prisa estará bien tenerlas remojadas para acortar el tiempo de cocción (aunque en ese caso el mejor hacerlas el día antes y dejarlas ya listas en la nevera; el reposo les viene de perlas).

Ingredientes

Para 4 o 6 personas

  • 5 cucharadas de aceite de oliva
  • 3 dientes de ajo
  • 1 cebolla
  • 2 berenjenas medianas
  • 2 zanahorias tiernas
  • 200 g de tomates cherry (yo usé de pera)
  • 250 g de lentejas que no necesiten remojo (yo usé de Puy)
  • 1 l -aproximadamente- de agua o caldo (o mitad y mitad agua)
  • 1 vasito de kéfir de leche
  • Copos de chile (o picante al gusto, si se quiere)
  • Una rama de albahaca u orégano frescos
  • Sal
  • Pimienta

Preparación

  1. Quitar el pedúnculo, lavar y cortar la berenjena en dados grandes. Lavar los tomates cherry. Raspar la piel de las zanahorias y cortarlas en rodajas anchas. Salpimentar generosamente ambas cosas y ponerlas en una cacerola u olla -que no se agarre- a fuego medio-alto con la mitad del aceite. removiendo de vez en cuando durante unos ocho minutos (o hasta que empiecen a coger color).
  2. Pelar y picar el ajo y la cebolla, y añadirlos a la olla junto al resto del aceite y las ramas enteras -además de seis hojas grandes- de la albahaca. Bajar un poco el fuego y terminar de dorar todo junto durante tres o cuatro minutos más.
  3. Quitar las ramas de albahaca, añadir 750 ml del agua o caldo a temperatura ambiente, las lentejas -lavadas en un bol con agua que cambiaremos dos veces y luego escurridas- y un poco de sal.
  4. Llevar a ebullición durante unos 40 minutos a fuego medio y sin tapa, vigilando a partir de los 20 por si hubiera que añadir algo de líquido. Estarán listas cuando estén blandas, pero enteras y con una cierta resistencia al mordisco. Servir calientes o templadas con una cucharada de kéfir de leche, chile al gusto y las hojas pequeñas de la albahaca.
Fuente: El Comidista (https://elcomidista.elpais.com)

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Los fermentistas: nuevo concepto de alimentación saludable

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Debemos comer cada día algún alimento fermentado de manera natural

Es bien sabido que sobre gustos no hay nada escrito y, al parecer, sobre maneras de alimentarse, tampoco. Hoy vengo a hablarles de una de las formas de alimentarse que está acumulando adeptos a gran velocidad. Me refiero a los fermentistas. Son aquellas personas que se alimentan casi en exclusiva de alimentos fermentados.

La fermentación es una transformación bioquímica que sufren algunos alimentos por la acción de las bacterias y las levaduras. En el proceso los azúcares se convierten en ácidos, gas o alcohol, o sus combinaciones, que actúan como conservantes naturales del alimento. La fermentación añade cualidades nutricionales a estos alimentos, fundamentalmente vitaminas y los propios microorganismos que enriquecen el microbioma intestinal.

La fermentación es una practica milenaria. Nuestros alimentos mas tradicionales son fermentados: el pan, el queso, los yogures y el kéfir, las bebidas alcohólicas como el vino, sidra o cerveza, algunos embutidos, pescados y el té negro.

En los últimos años hemos incorporados alimentos fermentados que son tradicionales en otras culturas. Destacan los vegetales fermentados y encurtidos cuando se elaboran de forma natural. El chucrut o sauerkraut es una col fermentada con un alto aporte de probióticos. En países orientales como Corea consumen kimchi, es un repollo fermentado picante, con jengibre y ajos. Los vegetales, cuando se fermentan encurtidos en salmuera, aumentan la formación de probióticos que benefician al sistema inmunitario, como los clásicos pepinillos.

En oriente se consumen muchas variedades de soja fermentada. El tempeh es un alimento muy típico de Indonesia, de consistencia similar a la carne y es una buena fuente de proteínas, que consumen las personas vegetarianas y veganas. El natto es una elaboración tradicional de Japón que posee nattokinasa, un anticoagulante que le da una textura algo gelatinosa y mucosa, y un sabor intenso que no agrada a todos los paladares. El miso es una pasta fermentada de soja y otros cereales como el trigo, el arroz o la cebada con el hongo Aspergillus oryzae. Durante siglos fue considerado un alimento curativo en China y Japón. Desde hace generaciones se utiliza para preparar sopas calientes o como condimento de otros platos. El miso contiene enzimas que ayudan a la digestión. Esta muy de moda la kombucha. Es una bebida producida por la fermentación de té dulce mediante un cultivo de levadura y bacterias. Con un sabor que recuerda ligeramente al vinagre, este té fermentado no es para todos los gustos, pero la suave efervescencia que adquiere la bebida de forma natural a través del proceso de fermentación otorga un sabor ligero y refrescante para el paladar.

Hay muchos más alimentos fermentados, incluso la famosa anchoa de estas tierras sufre procesos de fermentación durante su laboriosa elaboración. Si nos damos cuenta, todos los días consumimos algún alimento fermentado, aunque no siempre es de fermentación natural. Debemos comer cada día algún alimento fermentado de manera natural. Prueben, por ejemplo, a ponerle chucrut natural como guarnición a la carne y al pescado. Una advertencia, la mayor parte de los alimentos fermentados contienen algo de alcohol, así que tengan cuidado.

Fuente: El Diario Montañés (www.eldiariomontanes.es)

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Pollo marinado con especias y Kéfir

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El kéfir ablanda la carne del pollo y además facilita que el sabor y aroma de las especias se fundan en ella: si lo dice Harold McGee, hay que probarlo cuanto antes.

Hacer esta receta nos ha llevado, inevitablemente, a una de esas escenas lejanas del pasado en las que te viene a la cabeza una vieja cancioncilla. Si amigos, os hablamos de los cuadernos de Vacaciones Santillana. Una mezcla de nostalgia y pesadilla en la que escuchas a tus primos jugar, estas postrado en una silla de skay y tu madre te amenaza con una chancla. Y de repente aterrizas en el presente, donde tienes frente a ti la biblia moderna de Harold McGee La cocina y los alimentos (Debate, 2015) y estas preparando un suculento plato para tus amigos, que aguardan ansiosos para darse un festín. Nada mal de momento.

Podríamos resumir la biografía de Harold McGee diciendo que es un fascinante escritor y científico norteamericano, que ha dedicado gran parte de su obra a la gastronomía, haciendo énfasis en la química de los alimentos. La cocina y los alimentos, como ya avanza el título, es la más que aconsejable enciclopedia que relaciona la ciencia y la cultura de la comida.

Retomando la receta que hoy os proponemos, y bajo la supervisión del bueno de Harold, recurrimos al marinado, una técnica culinaria en la que sumergimos un alimento en un medio ácido para cambiar su sabor o textura. En nuestro caso hemos escogido pollo, lo vamos a bañar en una mezcla de especias y ácido láctico (kéfir), y vamos a sacarnos una receta como la copa de un pino en un pispás.

La elección del kéfir para la receta tiene una explicación sencilla y práctica. Los marinados clásicos se hacen con alcoholes o vinagres. De hecho el cebiche y los encurtidos son técnicas de marinado aplicadas a pescados los primeros y a vegetales los segundos. El empleo de alcohol en el marinado tiene como ventaja que confiere a la carne un sabor potente, pero corremos el peligro de resecarla si alargamos el proceso. En nuestro caso el kéfir cumple su función para potenciar el sabor de las capas superficiales, además de retener la humedad de la carne ya que es un ácido suave.

Hicimos un marinado de un par de horas –lo ideal es alargar el proceso durante unas 24 horas–, pero potenciamos sus efectos marcando los trozos de pollo a fuego fuerte para que las especias desarrollaran bien los aromas y la carne no perdiera jugosidad. La combinatoria de especias es infinita: nosotros hemos optado por una versión más hindú gracias al curry, la cúrcuma y el jengibre molido, pero vosotros podéis jugar con vuestros sabores favoritos.

Ingredientes

Para 4 personas

  • 1 pollo deshuesado
  • 1 manojo de espárragos verdes
  • 2 cebollas blancas
  • 2 zanahorias grandes
  • 2 dientes de ajo
  • ½ vaso de caldo de pollo de calidad
  • 1 vasito de Kéfir de leche
  • Cilantro fresco
  • 1 cm de jengibre fresco
  • Chile en copos (opcional)
  • Sal

Para la marinada

  • 2 cucharaditas de curry en polvo
  • 1 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 1 cucharadita de jengibre en polvo
  • 1 cucharadita de pimentón ahumado
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • Pimienta molida
  • 1 vasito de kéfir de leche
  • 3 cucharadas de leche entera

Preparación

  1. Trocear el pollo en piezas mas o menos regulares, de unos 3-4 cm. Ponerlo en una fuente y mezclar con todos los ingredientes del marinado. Tapar con papel film y reservar en la nevera.

  2. Pelar y cortar las zanahorias y las cebollas en trozos de 1cm. Dorar en la sartén con un buen chorro de aceite de oliva hasta que estén bien pochadas. Añadir el ajo cortado en láminas al sofrito y seguir pochando.

  3. Desechar las partes mas leñosas de los espárragos y saltearlos en el sofrito. Apagar el fuego y reservar.

  4. Sacar el pollo de la nevera y saltear en una sartén con un buen chorro de aceite, en tandas pequeñas para que quede bien dorado, a fuego fuerte. Ir añadiendo el pollo salteado al sofrito.

  5. Con todo el pollo dorado, a fuego medio, añadir el caldo y el kéfir hasta conseguir una textura untuosa, con cuidado de no pasarnos con el tiempo de cocción del pollo o perderá todos sus jugos. Si tenemos una salsa demasiado líquida, retirar el pollo y dejar que la salsa reduzca.

  6. Retirar del fuego, dejar reposar 10 minutos. Servir con cilantro picado fresco, jengibre rallado y pimienta recién molida.

Fuente: El Comidista (https://elcomidista.elpais.com)

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El kéfir es beneficioso para los pacientes diabéticos

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La metfornina −comúnmente− es la primera elección de medicamento para tratar la diabetes Mellitus Tipo 2 (DM2). Los principales efectos colaterales de la metformina son la diarrea, hinchazón, acidez y dolores estomacales. Estas reacciones adversas secundarias muchas veces conducen a los pacientes a abandonar el tratamiento.

Echando mano a la literatura científica se sabe que la microbiota intestinal en enfermedades metabólicas, como la obesidad y la diabetes mellitus, presentan alteraciones en su composición, cambios en la actividad metabólica de estos microorganismos y en la proporción (o abundancia) de las comunidades bacterianas.

La microbiota de una persona con DM2 difiere a la de un individuo sano, además la composición bacteriana de su microbiota intestinal se modifica de acuerdo al tipo de tratamiento. Investigaciones dan cuenta que medicamentos, como la metfornina, también producen cambios en la microbiota.

Los alimentos probióticos como el kéfir, también conocido como yogur de pajaritos, al ser incorporados a la dieta producen efectos beneficiosos para salud, más allá de la nutrición. “Los alimentos probióticos son aquellos que contienen microorganismos vivos, que habitan naturalmente en la microbiota intestinal. Al ingerirlos son capaces de tolerar las condiciones fisicoquímicas del tracto gastrointestinal (ácidos y sales biliares). Y no solo eso, además al llegar al intestino tienen la capacidad adherirse a la superficie del epitelio y lo colonizan”, así lo explica la doctora en Microbiología, Claudia Ibacache, directora del Centro de Microbioinnovación (CMBi) de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valparaíso en Chile.

Ibacache, fue quien codirigió un estudio metagenómico, que evaluó los efectos del consumo de kéfir sobre la microbiota intestinal de adultos con DM2 tratados con metfornina. Esta investigación se realizó para optar al título de Nutricionista de la tesista Karoll González Pizarro.

Según este estudio, algunos de los atributos del kéfir son: “su capacidad de restituir la composición de la flora intestinal e introducir funciones favorables y útiles para las comunidades microbianas intestinales, ayudando a mantener un buen control metabólico”.

Tal como lo señala la microbióloga, la investigación consistió en una intervención nutricional en pacientes con DM2, que fueron asignados a dos grupos. Uno recibió dosis diarios del probiótico kéfir y el otro (que fue el grupo control), consumió la misma cantidad de un yogur comercial convencional (libre de microorganismos), durante ocho semanas. Se midieron parámetros metabólicos antes y después de la intervención. El estudio utilizó la metagenómica, una avanzada herramienta que permite obtener la secuencia del genoma de toda la comunidad de microorganismos encontrados en la microbiota de cada paciente intervenido.

“El estudio proporciona evidencia de que el probiótico kéfir puede mejorar los síntomas de malestar gastrointestinal”, sostuvo la académica.

De acuerdo a los resultados de la investigación se destaca que a las dos semanas de tratamiento con el probiótico aumentó la proporción de algunos grupos de bacterias de la microbiota. “A las ocho semanas observamos que disminuyeron significativamente los triglicéridos (grasas que en exceso pueden aumentar el riesgo de enfermedades del corazón). Además, el kéfir demostró mejorar la hinchazón, acidez, gases y el tránsito intestinal de los pacientes tratados”.

En consecuencia, “el consumo de kéfir sería una buena estrategia complementaria para modular la microbiota intestinal de los pacientes DM2 en forma beneficiosa, además de ayudar al control de los triglicéridos y a mantener una buena salud intestinal”, se sugiere en la tesis.

El kéfir es un alimento lácteo fermentado originario de las montañas del Cáucaso ruso y ha sido parte de la dieta de diversas culturas milenarias. Al kéfir se le considera un alimento funcional probiótico complejo, dado que es un consorcio de microorganismos, estructurado por una diversidad de bacterias ácido lácticas, ácido acéticas y levaduras. Entre los beneficios atribuibles al kéfir la doctora Ibacache releva: “tiene la propiedad de disminuir la cantidad de lactosa presente en la leche (por lo tanto podrían consumirlo las personas con intolerantes a la lactosa); inhibe el crecimiento de células tumorales; tiene un efecto antibacteriano; estimula la inmunidad gastrointestinal y previene la osteoporosis”, finaliza la académica. (Fuente: DICYT)

Fuente: Noticias de la Ciencia (https://noticiasdelaciencia.com)

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