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Los ‘millennials’ están marcando tendencia en lo que se bebe, cómo y cuándo se hace.

Una generación que bebe por los ojos viene pisando fuerte y marcando tendencia. Son los que cuelgan en Instagram la foto del cóctel que están a punto de beber antes de probarlo, los que explican en su blog lo bien que les sienta el kombucha que elaboran en casa o llenan Pinterest con las etiquetas de las últimas cervezas que han probado. Reclaman que todo lo que consumen les aporte una experiencia personal, que vaya más allá de la satisfacción de una necesidad y sea auténtico y saludable, para ellos y para el planeta.

De los vinos a los cafés, de los destilados a las aguas con sabores, los expertos consultados coinciden en esas ideas básicas, que asocian a la mayoría de edad de los ‘millennials’, una generación definida por su espíritu crítico, el valor que concede a la opinión personal y la conciencia de ubicuidad que le dan las redes sociales. Esa actitud se concreta en nuevos hábitos de consumo y productos que triunfarán este año.

Vinos

Autenticidad, experiencias y menos alcohol

Miembro de una familia vinícola con gran recorrido internacional, Miquel Torres Maczassek advierte “un retorno a la autenticidad y a los vinos clásicos que reflejan la historia y el paisaje”, como los nuevos de Torres en Catalunya. Pero la generación ‘millennial’, curiosa, también indaga en “denominaciones menos conocidas en España y extranjeras” y “vinos que expresen mejor la fruta y el terruño, elegantes y con menos alcohol”.

Otra gran casa, Codorniu Raventós, refrenda estas opiniones por boca de su director de enología, Diego Pinilla: “Hacemos vinos cada vez más honestos y que expresen un lugar, una manera de hacer, una cultura” y “vinos fáciles de entender y disfrutar” en los que “la expresión varietal, la facilidad de beber, la frescura, la intensidad aromática son los objetivos”. Y cita entre otros los ‘frizzantes’ con sólo 5,5% de alcohol.

El champán rosado gana adeptos

El sector del lujo tiene su propio enfoque. Según Pedro José Utrera, director de comunicación de LVMH España, la búsqueda de momentos especiales que compartir favorece al champán rosado, “más atractivo por el color y porque tiene más estructura; pero a la vez, toma cuerpo el consumo de champán con hielo o combinado con otros elementos, como frutas, pimiento… O los formatos mini que permiten beber directamente de la botella con una boquilla, lo cual puede parecer un sinsentido, pero proporciona una experiencia nueva, rompedora”.

En España, apunta Utrera, “se bebe menos, pero mejor. La gente reduce así las secuelas del consumo y aumenta la calidad de la experien­cia”. Y no en vano, una parte privilegiada de los ‘millennials’ consumidores de lujo se identifica con los ‘henry’ (siglas de la frase inglesa ‘high earners no rich yet’, gente con ingresos altos, pero aún no ricos).

Cafés e infusiones

Exprimir la esencia

El café inició hace un tiempo un camino hacia la personalización que ha tomado cuerpo en tostaderos y cafeterías donde los baristas tratan el grano con manos de seda y pueden explicar mucho sobre él. Cada vez son más importantes el origen, la finca y el elaborador de cada saco, y extraer el aroma más puro es básico.

Por eso, advierte Salvador Sans, de la barcelonesa Sans Sans, se mantienen y van a más cafeteras como la V60 y la Kalita, que emplean filtros de papel, y la técnicas de infusión en frío, mientras que en los expresos mandan los cafés de un solo origen, y los trabajos de ‘latte art’ siguen inundando Pinterest.

La tendencias se rematan con un auge de los tés naturales, como el Té matcha

Sobre las infusiones, apunta Sans el renacimiento del tradicional ‘five o’clock’ o ‘high tea’ inglés, que algunos hoteles ciudadanos de alta gama están recuperando con su gastronomía asociada. En cuanto al té matcha –una variedad pulverizada más dulce e intensa–, no es novedad, pero quien no haya oído hablar de él no podrá ignorarlo este año, pues será omnipresente tanto en su preparación clásica, la que se emplea en la ceremonia del té japonesa, como en el formato ‘matcha latte’, sobre todo con leches vegetales. Las tendencias se rematan con un auge de los tés naturales japoneses tipo sencha y de las infusiones con jengibre.

Las cervezas artesanas han crecido al amparo de la búsqueda de sensaciones que inspira a los ‘millennials’, y muchos de sus creadores pertenecen a ese grupo por edad y espíritu, de forma que este universo que siempre se había guiado por la tradición empieza a vivir los vaivenes de la moda.

Cervezas

De amargas a ácidas

Las cervezas artesanas han crecido al amparo de la búsqueda de sensaciones

Así, tras unos años en los que han dominado las IPA (‘indian pale ale’, cervezas de graduación alta con predominio del lúpulo, aromas muy florales y sabores amargos) en los gustos de sus adeptos, “se está pasando a las cervezas ‘sour’, en cuya producción se introduce una contaminación bacteriana controlada para hacerlas más ácidas”, explica Manuel Baltasar, de la cervecería BierCab de Barcelona.

Este movimiento viene de Estados Unidos, que es donde últimamente nacen las novedades y las tendencias, y aporta fermentados de graduación media, sobre el 6% o 7% de alcohol, lo que también permite consumir más y disfrutar de más variedad.

Cócteles

La técnica de las emociones

Diageo, líder en distribución de destilados de alta gama, divulgó en el 2016, en la final de la competición World Class, un informe con las líneas maestras del vuelco que viven las barras de coctelería. En él se describen combinados que apelan a los sentidos, los sentimientos e incluso la opción política, bebidas que aumentan los niveles de serotonina, mezclas que proponen viajes culturales creadas por ‘bartenders’ que se mueven por el mundo y aplican técnicas de cocina a sus creaciones.

Todo ello, en un ambiente en el que las diferencias entre sexos se van borrando por lo que hace a los clientes, mientras que la fama que otorgan las competiciones da un aura de ‘héroes locales’ a los cocteleros.

Los nuevos combinados apelan a los sentidos, los sentimientos e inclusoi la opción política

En este aspecto se nota el ascenso de una generación de ‘barwomen’ que contribuye a romper las reglas, como la francesa Jennifer Le Nechet, de 29 años, ganadora mundial de la World Class 2016, que describe las dos tendencias a su parecer más acusadas: “La sostenibilidad: los problemas ecológicos, la responsabilidad del ser humano, encontrar soluciones de reciclaje, usando productos biológicos” y “los cócteles con poco alcohol: beber de forma responsable, y beber menos pero mejor”.

Una opinión con la que coincide Manel Vehí, formado en El Bulli, con los Adrià, y en otros locales de prestigio y miembro de la familia dueña del mítico bar Boia de Cadaqués, quien añade: “La coctelería incorpora técnicas de cocina: aires, texturas, uso de las temperaturas y otras”. Y desmiente la tan augurada muerte del gin-tonic, al menos en España.

Sin alcohol

Salud e imaginación

Prescindir del alcohol sin renunciar a nada más es la última tendencia. La sumiller Meritxell Falgueras, durante dos años de abstinencia forzosa por motivos de salud, en los que sin embargo siguió ejerciendo su oficio, acumuló experiencia y opiniones de expertos suficientes como para escribir el libro Qué beber cuando no bebes (Ediciones Urano), donde recomienda más de 200 bebidas con maridajes por comidas, momentos, necesidades, clima… Falgueras, que en el apartado infusiones coincide a grandes rasgos con Sans, enumera sus propios augurios: “El ‘top’ van a ser las aguas de sabores –agua aromatizada con frutas–.

Pero también están en alza las leches vegetales, porque cada vez somos más los que hemos comprobado que la leche normal nos sienta mal; los cócteles sin alcohol o ‘mocktails’; los refrescos de hibisco –diurético, rico en vitaminas, oligoelementos y ácidos orgánicos–, el agua de coco –aporta electrolitos con pocas calorías–, la ‘golden milk’ –se elabora con pasta de cúrcuma y leche–, porque la cúrcuma será el superalimento anticancerígeno, y los smoothies, que seguirán presentes por todas partes”.

Prescindir del alcohol sin renunciar a nada más

Y bueno, quien haya llegado hasta aquí quizás se pregunte aún qué demonios es el kombucha, que también destaca Falgueras en su libro: pues es una bebida fermentada que se elabora con té endulzado en el que se sumerge una porción de ‘Medusomyces gisevi’, una colonia de microorganismos que se nutre del azúcar.

El resultado es un líquido que, al ser fermentado, puede contener pequeñas cantidades de alcohol, pero que, según sus defensores, protege de patógenos la flora intestinal, desintoxica el hígado y el páncreas, mejora el sistema inmunológico y los procesos digestivos, aumenta el buen humor y previene los procesos artríticos. Y aunque se puede comprar elaborado, también tiene el ingrediente añadido, como decíamos al principio, de que se puede producir en casa, añadiendo experiencias personales y, claro está, fotos a nuestro Instagram.

Para elaborar kombucha en casa se utiliza tradicionalmente té rojo –aunque también puede emplearse té negro o incluso verde–, al que se añaden unos 120-150 g de azúcar por litro y, una vez frío, el 'Medusomyces gisevi'. La fermentación dura unas dos semanas si se mantiene a una temperatura en torno a los 25ºC.

Para elaborar kombucha en casa se utiliza tradicionalmente té rojo –aunque también puede emplearse té negro o incluso verde–, al que se añaden unos 120-150 g de azúcar por litro y, una vez frío, el ‘Medusomyces gisevi’. La fermentación dura unas dos semanas si se mantiene a una temperatura en torno a los 25ºC.

Fuente: La Vanguardia (www.lavanguardia.com)

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