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Artículo de la Dra. María Luz André. Nutricionista

Comer cada día verduras y frutas frescas de la estación aportan una gran variedad de vitaminas, minerales y oligoelementos, así como fibra.

También cereales completos, papas y legumbres secas, ricos en la mayor parte de nutrientes imprescindibles para la vida, sobre todo fósforo, magnesio, proteínas vegetales, vitaminas del grupo B, etc.

Los productos lácteos son necesarios, ya que son abastecedores de proteínas, calcio y otros minerales y vitaminas. El yogur y el kéfir son los más apropiados, ya que se digieren mejor y ayudan a regenerar la flora intestinal.

Hay que consumir grasas insaturadas de origen vegetal. Asimismo, comer dos días a la semana carnes, pescados y huevos. El pescado es la mejor opción proteínica del menú para la vejez (dos veces a la semana).

Los huevos pueden estar presentes en la dieta a razón de cuatro a la semana, en forma de omelette o huevo cocido.

De igual manera, hay que comer alimentos antioxidantes ricos en vitamina C, tales como: perejil, pimiento, brócoli, kiwi, cebolletas, berros, fresas, col, naranja, limón, mango, grapefruit; alimentos ricos en provitamina A (betacarotenos), tales como:  zanahoria, espinacas, mango, melón, papaya, tomate, puerro, calabaza, brócoli, frijolitos verdes; ricos en vitamina E:  aceite de maíz, verduras de hoja verde, huevos, carnes magras, pescado, trigo, harina integral, diente de león, aguacate, mango, espinacas, espárragos, berros, brócoli, tomate, pimiento, coles de Bruselas, albaricoque, uvas; ricos en el complejo B, sobre todo la B6:  algas; ricos en selenio:  huevos, cebollas crudas, atún, levadura de cerveza, salvado de trigo, y ricos en cinc:  ajonjolí, nueces.

Hay que reducir y seleccionar mejor las grasas y el consumo de aceites saturados frente a los aceites insaturados de origen vegetal.

Fuente: La Prensa (www.laprensa.com.ni)

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