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La metfornina −comúnmente− es la primera elección de medicamento para tratar la diabetes Mellitus Tipo 2 (DM2). Los principales efectos colaterales de la metformina son la diarrea, hinchazón, acidez y dolores estomacales. Estas reacciones adversas secundarias muchas veces conducen a los pacientes a abandonar el tratamiento.

Echando mano a la literatura científica se sabe que la microbiota intestinal en enfermedades metabólicas, como la obesidad y la diabetes mellitus, presentan alteraciones en su composición, cambios en la actividad metabólica de estos microorganismos y en la proporción (o abundancia) de las comunidades bacterianas.

La microbiota de una persona con DM2 difiere a la de un individuo sano, además la composición bacteriana de su microbiota intestinal se modifica de acuerdo al tipo de tratamiento. Investigaciones dan cuenta que medicamentos, como la metfornina, también producen cambios en la microbiota.

Los alimentos probióticos como el kéfir, también conocido como yogur de pajaritos, al ser incorporados a la dieta producen efectos beneficiosos para salud, más allá de la nutrición. “Los alimentos probióticos son aquellos que contienen microorganismos vivos, que habitan naturalmente en la microbiota intestinal. Al ingerirlos son capaces de tolerar las condiciones fisicoquímicas del tracto gastrointestinal (ácidos y sales biliares). Y no solo eso, además al llegar al intestino tienen la capacidad adherirse a la superficie del epitelio y lo colonizan”, así lo explica la doctora en Microbiología, Claudia Ibacache, directora del Centro de Microbioinnovación (CMBi) de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valparaíso en Chile.

Ibacache, fue quien codirigió un estudio metagenómico, que evaluó los efectos del consumo de kéfir sobre la microbiota intestinal de adultos con DM2 tratados con metfornina. Esta investigación se realizó para optar al título de Nutricionista de la tesista Karoll González Pizarro.

Según este estudio, algunos de los atributos del kéfir son: “su capacidad de restituir la composición de la flora intestinal e introducir funciones favorables y útiles para las comunidades microbianas intestinales, ayudando a mantener un buen control metabólico”.

Tal como lo señala la microbióloga, la investigación consistió en una intervención nutricional en pacientes con DM2, que fueron asignados a dos grupos. Uno recibió dosis diarios del probiótico kéfir y el otro (que fue el grupo control), consumió la misma cantidad de un yogur comercial convencional (libre de microorganismos), durante ocho semanas. Se midieron parámetros metabólicos antes y después de la intervención. El estudio utilizó la metagenómica, una avanzada herramienta que permite obtener la secuencia del genoma de toda la comunidad de microorganismos encontrados en la microbiota de cada paciente intervenido.

“El estudio proporciona evidencia de que el probiótico kéfir puede mejorar los síntomas de malestar gastrointestinal”, sostuvo la académica.

De acuerdo a los resultados de la investigación se destaca que a las dos semanas de tratamiento con el probiótico aumentó la proporción de algunos grupos de bacterias de la microbiota. “A las ocho semanas observamos que disminuyeron significativamente los triglicéridos (grasas que en exceso pueden aumentar el riesgo de enfermedades del corazón). Además, el kéfir demostró mejorar la hinchazón, acidez, gases y el tránsito intestinal de los pacientes tratados”.

En consecuencia, “el consumo de kéfir sería una buena estrategia complementaria para modular la microbiota intestinal de los pacientes DM2 en forma beneficiosa, además de ayudar al control de los triglicéridos y a mantener una buena salud intestinal”, se sugiere en la tesis.

El kéfir es un alimento lácteo fermentado originario de las montañas del Cáucaso ruso y ha sido parte de la dieta de diversas culturas milenarias. Al kéfir se le considera un alimento funcional probiótico complejo, dado que es un consorcio de microorganismos, estructurado por una diversidad de bacterias ácido lácticas, ácido acéticas y levaduras. Entre los beneficios atribuibles al kéfir la doctora Ibacache releva: “tiene la propiedad de disminuir la cantidad de lactosa presente en la leche (por lo tanto podrían consumirlo las personas con intolerantes a la lactosa); inhibe el crecimiento de células tumorales; tiene un efecto antibacteriano; estimula la inmunidad gastrointestinal y previene la osteoporosis”, finaliza la académica. (Fuente: DICYT)

Fuente: Noticias de la Ciencia (https://noticiasdelaciencia.com)

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