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La Kombucha no es un hongo, sino un cultivo de levaduras que crece en el azúcar y el té negro o verde. En este proceso de fermentación se forman sustancias antibióticas y prebióticas, enzimas y microelementos como las vitaminas C, B1, B2, B3, B6 , ácido folico y oxático. Estos componentes la convierten en un alimento con numerosas propiedades dexintosicantes e inmunoestimulantes.

En Rusia, Manchuria y Europa oriental se ha usado durante siglos el té de kombucha como tónico general, para infecciones, artritis inflamatoria, lupus, diabetes, hipertensión, depresión..

  • Fortalece y mejora la resistencia a las infecciones.
  • Aumenta la cantidad de lactobacillus acidophilus, impidiendo la proliferación de microorganismos patógenos en el intestino.
  • Libera líquidos retenidos y mejora la función hepática y renal.

No es fácil cultivar en casa la kombucha. La edad de la cepa madre, el tipo de azúcar, el té del que se alimenta o el agua utilizada para la infusión determinan una gran diferencia en las propiedades de la kombucha.

Hay que controlar mucho estos cultivos y desecharlos cuando son muy antiguos o tienen un color negro y una textura correosa, ya que su contaminación (que suele producirse por la aparición de moho) es un riesgo para la salud.

El cultivo de kombucha libera un líquido rojizo o marrón que puede ser consumido como té
Se pueden experimentar nauseas, vómitos o malestares intestinales la beber el té de kombucha, pero esto puede ser por la interacción con algunos medicamentos.

Esta totalmente contraindicado cuando se toman fármacos para el VIH u otros trastornos del sistema inmunitario.

Preparación del Té de Kombucha:

Se elabora a partir de lo que se denomina “madre” de la kombucha, que es un cultivo de levaduras y bacterias saludables para el organismo. Puede comprarse fresca o envasada al vació en herbolarios.

  • Prepararemos una infusión de té negro o verde con medio litro de agua mineral caliente.
  • Cuando este templada, añadimos azúcar y zumo de limón.
  • Colocamos la “madre” kombucha y la dejamos fermentar, tapada con un paño y en un lugar oscuro, durante unos quince días.
  • Pasado este tiempo, la colamos y tomamos fría o caliente, una o dos tazas diarias.

Se puede reservar un poco del líquido resultante para elaborar un nuevo té de kombucha.

Fuente: Planta Salud (www.plantassalud.hol.es)

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