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Si te dijera que te tomaras una cucharada con bacterias vivas, ¿lo harías? Tal vez te suene raro pero las consumes mucho más de lo que piensas y lo mejor es que, ¡las necesitas y son benéficas para tu salud! Estos microorganismos habitan en nuestro intestino y constituyen lo que se denomina flora bacteriana. Pero, ¿para qué sirven? ¿dónde puedes encontrarlas?  ¡Sigue leyendo!

Grandes aportaciones

Cuando nacemos nuestro intestino desarrolla un escudo protector formado por millones de bichitos (lactobacilos y bifidobacterias) que luchan contra las bacterias nocivas, ayudan a sintetizar las vitaminas, producen sustancias alimenticias como los carbohidratos, aumentan la absorción de calcio, hierro y magnesio, disminuyen los valores de urea en la sangre y bajan el colesterol malo.

Con el tiempo, el estrés, una deficiente alimentación, infecciones mal tratadas (respiratorias, intestinales  o estomacales) y el uso constante de antibióticos se merma su población natural. Cuando esto sucede, es necesario un mecanismo compensatorio a través de dieta saludable, alimentos funcionales (con probióticos añadidos), así como productos farmacéuticos.

Cómo trabajan

Los productos con probióticos están diseñados para que los bichos atraviesen la barrera gástrica y lleguen vivos al intestino, de esta manera podrán multiplicarse y proteger el organismo. ¿Cómo lo hacen? Una vez en el intestino, se adhieren al epitelio, logran reproducirse y con ello aumentan la acidez, lo cual impide que se desarrollen organismos dañinos. Desafortunadamente no se quedan de forma permanente, por lo que es necesario que se ingieran con regularidad.

Alimentos funcionales

Levadura de cerveza, yogurt, jocoque y  leche fermentada son algunos alimentos en los que se han incorporado los probióticos. Un producto funcional debe contener, por lo menos, 10 millones de células viables por cada 100 ml, dosis ideal para aumentar las defensas naturales e incluso prevenir enfermedades como el cáncer de colon. Sin embargo, su efecto dependerá de la forma de consumo y el microorganismo utilizado.

El probiótico más común es el Lactobacillus acidophilus, el cual es responsable de la producción de vitaminas del complejo B (B6, B12), ácido fólico y otras sustancias nutritivas que ayudan a la digestión de la proteína de la leche (lactosa), producen antibióticos naturales y disminuyen el contenido de ácido fítico presente en la mayoría de las legumbres, cereales y semillas que dificultan la absorción de hierro, zinc y otros minerales. Además de hallarse habitualmente en forma de productos como yogurt y kéfir se encuentra a la venta en tiendas de dietética, en forma de líquido o cápsulas.

Otra ventaja del Lactobacillus acidophilus es que controla la candidiasis intestina, una levadura que habita en el tubo digestivo y cuya función es eliminar los restos de comida. Su papel es vital y no causa problema, salvo cuando se multiplica, porque puede dañar a nivel digestivo, bucal, urogenital y endócrino. Por ello se recomienda consumir Lactobacillus acidophilus a mujeres con infecciones vaginales.

¿Todos podemos consumirlos?

Es ideal para todos aquellos que quieran favorecer el equilibrio de la flora intestinal, pero es especialmente benéfico para quienes han tenido o tienen tratamientos antibióticos, así como personas con problemas intestinales, ancianos, durante el embarazo y personas con intolerancia a la lactosa. Así que ya lo sabes, es momento de buscar productos con “bichitos amigables”.

Fuente: Es Más (www2.esmas.com)

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