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Un nuevo estudio divide a la ciencia. Frente a quienes sostienen que los niveles altos de colesterol LDL aumenta el riesgo de mortalidad, nuevos datos parecen indicar lo contrario.

Hoy hablas de colesterol y parece que nombras un veneno. La televisión nos bombardea con anuncios de productos que lo reducen; las etiquetas que dicen “sin colesterol” añaden un plus para el comprador; y el médico comprueba sus niveles y, si lo cree necesario, nos receta estatinas para mantenerlos controlados. Una prueba de la actual obsesión por el colesterol es precisamente el consumo diario de estatinas en España, que ha pasado de 14,2 a 91,65 dosis por cada 1.000 habitantes entre 2000 y 2012, según datos de la Agencia Española de Medicamentos.

El colesterol es soluble, por lo que necesita ser transportado formando lipoproteínas. HDL signifi ca lipoproteínas de alta densidad, es el famoso colesterol “bueno”, porque ayuda a mantener las arterias despejadas, y necesitas tener un mínimo de 50 mg/dl en mujeres y 40 mg/dl en hombres. Por su parte, LDL signifi ca lipoproteínas de baja densidad, es el “malo” porque se asocia a un mayor riesgo cardiovascular. Hay que mantenerlo en niveles menores de 100 mg/dl. Por último, el colesterol total es la suma de ambos más el 20% de los niveles de triglicéridos. El nivel deseable es de menos de 200 mg/dl y el de triglicéridos, de menos de 150 mg/dl.

El colesterol está presente en casi todas las células del cuerpo. Lo necesitamos para producir vitamina D y hormonas, proteger nuestras células o fabricar sustancias que nos ayudan a digerir los alimentos. Tan esencial es, que nuestro cuerpo lo produce en cantidades sufi cientes. De hecho, los niveles bajos de colesterol –menos de 50 mg/dl de colesterol “malo” (LDL) y menos de 120 mg/dl de colesterol total— se relacionan con un mayor riesgo de depresión, ansiedad y otros trastornos mentales. Y es que el colesterol es esencial para el cerebro. Las embarazadas tampoco se libran de los riesgos del défi cit: es más probable que tengan un parto prematuro y den a luz niños con bajo peso si tienen niveles muy bajos de colesterol.

¿La caída de un mito?

Hay más: un polémico informe que ha analizado datos de 30 estudios previos que incluían a más de 68.000 personas mayores de 60 años viene a revolucionar las ideas circulantes sobre el colesterol. Publicado en la revista científica British Medical Journal, concluye que “no existe relación entre el colesterol LDL y el riesgo cardiovascular” y añade, incluso, que, “el colesterol LDL ayuda a vivir más años”.

7 alimentos para acabar con el dolor de cabezaAunque la idea de los investigadores de siete países era analizar estudios previos para ver si el LDL se relaciona con mayor mortalidad en mayores de 60 años, descubrieron lo contrario: 12 de los estudios no indicaban ninguna relación y 16 señalaban que cuanto más bajo era el LDL, mayor era el riesgo de mortalidad. Ni siquiera los estudios centrados específicamente en la mortalidad por enfermedad cardiovascular (ECV) señalaron esa relación. De hecho, dos indicaban lo contrario a lo esperado.

¿Resultado? Que el 92% de los sujetos con niveles altos de LDL vivieron más años que los que tenían niveles bajos. A la vista de los resultados, los autores del informe han pedido “que se revisen las guías de prevención cardiovascular”, y añaden que “los beneficios de las estatinas se han exagerado y podrían incluso constituir una pérdida de tiempo y de recursos sanitarios”. Como era de esperar, esas conclusiones han levantado ampollas entre quienes continúan defendiendo la “hipótesis del colesterol”, que sostiene que las grasas saturadas (de origen animal) y el colesterol LDL son la causa principal de la enfermedad cardiovascular.

Aseguran que el trabajo está repleto de lagunas (“no contempla todos los factores que pueden haber infl uido en la mortalidad de los sujetos”) y solo ha estudiado a mayores de 60 años, por lo que “extrapola conclusiones indebidas”. Muchas de las censuras van contra la sugerencia de prescindir de las estatinas. “El informe no ha estudiado específicamente su papel, por lo que no está en situación de hacer recomendaciones al respecto”, señalan los críticos.

Otro argumento en contra son los muchos estudios que indican que el tratamiento con estatinas sí ayuda a prevenir la enfermedad cardiovascular en pacientes con altos niveles de colesterol. “Esos estudios aportan datos mucho más convincentes que los del trabajo publicado en British Medical Journal”, señalan expertos de la Fundación Británica del Corazón. Si sigues las tendencias en salud y nutrición, notarás, sin embargo, que el miedo que se le tenía está dejando de ser trending topic y que muchas de las antiguas recomendaciones sobre las grasas saturadas están perdiendo fuelle entre la población e, incluso, entre la clase médica.

“Hace 40 años los médicos nos dijeron que evitáramos los huevos, el beicon o la mantequilla porque esas grasas (saturadas) aumentaban los niveles de colesterol malo y, como consecuencia, el riesgo de sufrir ataques cardiacos, ictus y otras enfermedades cardiovasculares”, explica Robert H. Lustig, endocrinólogo y profesor de Pediatría de la universidad de California (EE.UU.).

¿Qué grasas son las que más te convienen?

  • Hay grasas que favorecen la inflamación, como las omega-6 de los aceites de maíz, girasol o soja. Hay otras grasas que tienen efecto antiinflamatorio, como las omega-3 del pescado azul, los mariscos y los frutos secos. Aunque ambas son necesarias para una buena salud, hoy consumimos muchas más grasas omega-6 que omega-3, lo cual favorece la inflamación celular. Se calcula que la dieta típica occidental contiene 15 veces más omega-6 que omega-3.
  • La única manera de compensar el desequilibrio es reducir el consumo de alimentos procesados y aumentar el de pescados azules, mariscos y frutos secos. Algunos suplementos de aceite de pescado y alimentos enriquecidos con omega-3 pueden ayudar en ese terreno.
  • Por suerte, los españoles somos grandes consumidores de aceite de oliva virgen extra, que evita en parte el exceso de omega-6. Fuente de grasas monoinsaturadas (otra familia de grasas), es una fantástica fuente de sustancias inflamatorias y antioxidantes que, como demuestra el estudio Predimed (Prevención con Dieta Mediterránea), reduce el riesgo cardiovascular y de mortalidad.
  • ¿Y qué hacemos con las grasas saturadas? A la espera de nuevos estudios que aclaren su papel en el riesgo cardiovascular, los expertos aconsejan no abusar de ellas. En cuanto a las grasas trans (indicadas en las etiquetas como “grasas vegetales parcialmente hidrogenadas”), hay consenso: son malas en cualquier cantidad, por lo que hay que eliminarlas.

Los sustitutos

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Ante esa alarma, el mundo respondió reduciendo el consumo de grasas. A la vez, la industria reaccionó vendiéndonos los llamados productos “light”, pobres en grasas. el problema es que, para compensar la ausencia de grasas (que aportan textura y jugosidad), esos productos añaden azúcares y otros carbohidratos refinados (harinas blancas y almidones). ¿Y qué ocurre con las dietas ricas en azúcares e hidratos de carbono refinados? “Que aumentan los niveles de triglicéridos, otra grasa presente en la sangre, íntimamente asociada con el síndrome metabólico, que incluye diabetes tipo 2, hipertensión, aterosclerosis, hígado graso, obesidad y, en general, con inflamación silenciosa crónica”, concluye el dr. Lustig.

Los datos son claros: las tasas de obesidad y enfermedades metabólicas no han dejado de aumentar desde que las autoridades sanitarias lanzaron la batalla contra las grasas. Concretamente según un estudio publicado en ‘The Lancet’, el número de personas con sobrepeso y obesidad pasó de 857 millones en 1980 a 2.100 millones en 2013. Los científicos han culpado erróneamente al colesterol de la enfermedad cardiovascular”, declara la dra.Beverly Teter, bioquímica experta en grasas de la Universidad de Maryland (EE.UU.).

Cuando vieron altos niveles de colesterol en arterias dañadas, atribuyeron el problema al exceso de esta grasa. Pero, en realidad, el organismo pone ahí el colesterol para arreglar un problema provocado por una inflamación silenciosa crónica. El sistema inmunitario envía colesterol al endotelio (recubrimiento interior de las arterias) inflamado para cubrirla y protegerla de más daños, igual que crea una costra en una herida.

La conclusión de la experta es que “no hay que preocuparse tanto porque un alimento aumente los niveles de colesterol. En lo que hay que fijarse es en seguir una dieta y un estilo de vida que reduzca la inflamación”. De hecho, estudios recientes atribuyen el efecto cardioprotector de las estatinas a su efecto antiinflamatorio más que la reducción de LDL.

Para proteger las arterias, hay rutinas saludables que deberías incorporar a tu vida cotidiana.

¿Qué podemos hacer?

  • Mídete la cintura. Puedes tener exceso de grasa abdominal sin exceso de peso. Altamente inflamatoria, esta grasa aumenta el riesgo cardiovascular, el de diabetes tipo 2 y hasta el de cáncer. Hacer ejercicio y reducir el consumo de azúcares añadidos e hidratos de carbono refinados evita la formación de ese tipo de grasa. Si eres mujer y tu cintura mide más de 80 cm (más de 94 cm en los hombres), te conviene hacer más ejercicio y vigilar bien lo que comes.
  • No fumes. El tabaco es un factor de riesgo en todas las enfermedades inflamatorias, desde la cardiovascular al cáncer, pasando por problemas respiratorios.
  • Vigila tus niveles de triglicéridos y glucosa. Las dietas ricas en carbohidratos refinados y azúcares añadidos aumentan los niveles de triglicéridos y de azúcar en sangre. Una buena solución es seguir la dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, frutos secos, pescados y aceite de oliva virgen extra. Se consideran “normales” mantener los niveles de triglicéridos por debajo de 150 mg/dl y de glucosa en ayunas menores de 100 mg/dl.
  • Controla tu tensión. La hipertensión está implicada en la gran matoría de los casos de ictus y de ataques cardiacos. Es un asesino silencioso que no suele dar síntomas, pero que hay que vigilar de cerca. Reducir el consumo de azúcares añadidos e hidratos de carbono refinados y caminar a diario ayudan a mantenerla bajo control.
  • Cuida tu flora intestinal. Una población bacteriana intestinal (microbiota o flora intestinal) saludable reduce el riesgo de padecer enfermedades autoinmunes… Una dieta rica en fibra vegetal y en fermentados (chucrut, yogures, kéfir, kombucha) ayuda a mantenerla. Como los antibióticos alteran seriamente el ecosistema intestinal, solo hay que utilizarlos cuando son necesarios.

Fuente: Mujer Hoy (www.mujerhoy.com)

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