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En 1965, Lilly y Stillwell acuñaron el término de “probiótico” y lo atribuyeron para referirse a ciertas sustancias secretadas por algunos microorganismos que van a estimular el crecimiento de otros microorganismos.

Lo llamaron de esta forma para intentar definir su propiedad más importante, activar el crecimiento de otros microorganismos, todo lo contrario que el término “antibiótico”.

Para que un microorganismo tenga la función de probiótico, debe cumplir ciertos requisitos. El primero sería ser un habitante normal de la flora intestinal y luego ser capaz de producir productos antimicrobianos.

Los probióticos utilizados en alimentos, deberán ser capaces de resistir la acción de los ácidos del estómago y posteriormente una vez en el intestino tener la capacidad de reproducirse rápidamente.

Por un lado la alimentación moderna, con la mayor parte de los alimentos refinados, azúcares simples, comida basura, poca fruta y muy poca verdura, va a incidir negativamente en el equilibrio de nuestra flora intestinal propiciando un aumento de la flora patógena. Por otro lado, el excesivo consumo de fibra, si bien tiene una función eliminadora y depurativa por arrastre de toxinas además de ayudar al tránsito intestinal, puede provocar el arrastre de las bacterias adheridas a la pared intestinal provocando también el desequilibrio en nuestra microflora. Además existe hoy en día un excesivo abuso del consumo de antibióticos con una clara incidencia negativa sobre la flora intestinal.

Existen muchos estudios científicos que avalan que la flora intestinal en buen estado garantiza la salud y la longevidad.

Todo ello nos lleva a la conclusión que la suplementación con probióticos nos va a ayudar a mantener la salud.

Existe un grupo de población especialmente sensible a este desequilibrio de la flora intestinal, que son las personas mayores, donde se comprueba que existe una disminución de las bacterias beneficiosas y un aumento de las bacterias patógenas como bacteroides algunas del género clostridium e incluso el helicobacter pilori. El hecho de que cambien las proporciones entre las distintas bacterias está directamente relacionado con la disminución de las defensas que se observa en este grupo de personas.

El sistema inmune es el que se encarga de defender el organismo de las agresiones que sufrimos todos los días de bacterias, virus, etc. también se encarga de específicamente de fagocitar células que están en mal estado o que han mutado a formas carcinogénicas. Pues bien, el 70 por cien del sistema inmune “se encuentra” en el intestino. En el tubo digestivo, estómago, intestino delgado y grueso, es donde junto con los alimentos pueden penetrar gran cantidad de agresores en potencia, como bacterias, virus y hongos, es en este momento cuando una flora intestinal en equilibrio y en buen estado, es la primera barrera frente a estos agresores produciendo sustancias que o los inactivan o los matan para que no haya una proliferación.

Las bacterias de la flora intestinal, intervienen en el desarrollo normal del sistema inmunitario y en la regulación de la respuesta del organismo ante los patógenos. Tienen que ver con procesos fisiológicos muy importantes como la digestión, con la producción de algunas vitaminas y enzimas, como ya hemos comentado con la resistencia del organismo frente a patógenos y activando las defensas naturales de nuestro sistema inmunitario.

Por lo tanto, los alimentos probióticos son aquellos que contienen microorganismos vivos, que siguen activos en el intestino y que son muy importantes para el mantenimiento de la salud. Entre los alimentos con probióticos podemos citar los yogures “bio”, el kéfir, el miso…
La OMS, dice que un probiótico es: Microorganismos vivos que, cuando son suministrados en cantidades adecuadas, promueven beneficios en la salud del organismo”.

Los alimentos probióticos, contribuyen al equilibrio de la flora intestinal, mejoran síntomas como la astenia, aumentan las defensas, mejoran el sistema inmunitario, el consumo diario de yogur bio con probióticos en cantidades importantes, tiene un efecto terapéutico sobre el helicobacter.
El uso de probióticos no se emplea sólo para el tratamiento y prevención de infecciones intestinales, sino que existen estudios en los que los probióticos han demostrado su utilidad como son en alergias, eczemas, vaginitis…

En el mercado, podemos encontrar gran variedad de suplementos alimenticios a base de probióticos. En nuestra opinión, los hay muchos y muy buenos, sin embargo nosotros nos decantamos por uno de ellos, el “Intestinal-Bac” que contiene 50.000 millones de bacterias y saccharomyces boulardii.

Además, actualmente se reconoce su utilidad en:

  • Tratamiento de la diarrea.
  • Como preventivo de diarrea después de la toma de antibióticos.
  • En enfermedades inflamatorias intestinales, como colitis ulcerosa y colon irritable.
  • Contribuyen a disminuir los síntomas debidos a la mala digestión de la lactosa de la leche.
  • También pueden ser útiles en:
  • Para los síntomas de asma y otras enfermedades alérgicas.
  • Prevención de infecciones urinarias, sobre todo en mujeres
  • Disminución de las complicaciones (infecciosas) en pacientes ingresados en las unidades de cuidados intensivos
  • Prevención de las infecciones en pacientes con cirrosis hepática
  • Alivio de los síntomas de la artritis reumatoide y otras enfermedades reumatológicas inflamatorias.
  • Refuerzan la energía vital.
  • Mejoran la absorción de nutrientes.
  • Ayudan a controlar la obesidad y el sobrepeso.
  • Favorecen la salud cardiovascular.
  • Ayudan a eliminar al organismo a eliminar toxinas.
Fuente: Levante EMV (www.levante-emv.com)

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