Tiempo de lectura: 2 minutos.

Nuestros gustos, como nuestra economía, cada vez se globalizan más, y hoy día han entrado en nuestra dieta productos que jamás nuestros abuelos y abuelas imaginarían. La riqueza gastronómica de otras zonas del mundo está más a nuestro alcance e incluso en ocasiones se fusiona con nuestras costumbres culinarias.

Hasta ahora son varias las comidas que han llegado para quedarse, como la china, la japonesa, la italiana o la india, pero quedan muchas más que progresivamente se hacen un hueco entre nuestros platos. Este es el caso del kéfir, que pertenece a este último grupo. Aún no es muy conocido, pero tiene muchos efectos beneficiosos para la salud que convencerán a los paladares ávidos de probar nuevas propuestas. Este producto es un hongo que, preparado en leche, da como resultado un plato parecido al yogur con un sabor ligeramente más ácido.

Hay que tener en cuenta que el kéfir debe estar en contacto con la leche

Procedente del Cáucaso, en países como Rusia es habitual consumirlo incluso en edades tempranas. Al kéfir se le atribuyen propiedades saludables como la reducción del colesterol, la protección del estómago y capacidad para ayudar a mejorar el ritmo intestinal y fortalecer nuestras defensas.

En realidad, existen tres tipos de kéfir que son el de té, el de agua y el de leche, aunque este último es el más popular. Su preparación es sencilla, siempre y cuando se tenga muy presente que este hongo debe permanecer siempre en contacto con la leche. La espora de kéfir se coloca en un bote de cristal muy limpio con leche entera de vaca sin hervir para que la espora se desarrolle y crezca.

Es importante que el recipiente esté cerrado herméticamente y es necesario que se quede un tercio del bote sin leche, ya que es el modo de que el aire acumulado ayude al proceso de transformación.

Añadiendo leche cruda

Una vez obtenida la leche transformada en kéfir, cada 24 horas debe extraerse del recipiente y añadir acto seguido leche cruda, porque sin el contacto con este producto el hongo muere. Para evitar que esto ocurra también es imprescindible no introducir el bote en el frigorífico, pues el frío lo mata, sino dejarlo a temperatura ambiente.

El grano de kéfir se ha de lavar en verano cada 8 días y en invierto cada 15 con agua clara del grifo y, luego, volver a colocarlo en el bote y repetir la operación cuantas veces se desee para obtener este  producto con aspecto de yogur.

Además de su presentación natural, el kéfir puede ser la base de otras elaboraciones como leche fermentada, batidos de fruta o crema de queso.

Te recomendamos nuestros mejores nódulos de kéfir