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Estoy decidida: voy a estimular mis defensas, aumentar mi energía, controlar mejor mi peso, eliminar desechos y toxinas, sentirme más animada y hasta mejorar mi piel. ¿Que cómo voy a conseguir esa larga lista de deseos? Sé que puedo hacerlo si recupero el equilibrio de mi ecosistema intestinal.

En primer lugar, voy a evitar los azúcares, harinas refinadas, grasas y aditivos -presentes en muchos productos procesados-, que son el menú preferido de bacterias y levaduras patógenas, como las cándidas.

¡Voy a estimular mis defensas, aumentar mi energía y bajar de peso!En segundo lugar, aumentaré el consumo de verduras, frutas, legumbres… y otros alimentos ricos en fibra, que sé que sirven de alimento a las bacterias beneficiosas. En tercer lugar, tomaré alimentos fermentados, ricos en probióticos. Kefir, yogur, miso, kimchi, nato, chucrut y otras verduras fermentadas no pasteurizadas (la pasteurización mata tanto las bacterias buenas como las patógenas) repoblarán mi intestino con los microorganismos saludables que necesito para recuperar fondo y forma. Tabaco, exceso de alcohol y fármacos innecesarios quedan descartados: son enemigos de una flora intestinal sana.  

Uno de los alimentos que me interesa especialmente es el kefir. Para empezar, contiene bacterias y levaduras capaces de colonizar el intestino (algo que no consigue el yogur) y es fácil de digerir. De hecho, hay estudios científicos que le atribuyen propiedades antimicrobianas, antitumorales, inmunitarias y hasta la capacidad para mejorar la digestión de la lactosa y evitar la pérdida de peso. Puedes hacerlo en casa con leche de vaca, oveja o cabra o con agua o leche de coco. Como ejemplo, te propongo esta receta:

Receta para preparar kefir:

Deja un litro de la leche que prefieras a temperatura ambiente durante una hora en un recipiente de vidrio. Añade 200 gramos de granulos de kefir (o «cultivo iniciador de kefir» en polvo, de venta en herboristerías, tiendas especializadas y sites online) y deja reposar de 24 a 36 horas. Según vayan creciendo los gránulos (tienen un aspecto como de coliflor), y en función de que quieras un kefir más o menos espeso, puedes o no añadir más leche. Terminado el tiempo, cuelas el líquido y tendrás una bebida supersaludable, algo efervescente y con un poco de alcohol, fruto de la fermentación. ¡Eso sí, guarda en la nevera los gránulos que han quedado en el colador para elaborar la siguiente tanda!

Fuente: Mujer Hoy (www.mujerhoy.com)

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