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1. Toma proteína

Las dietas con suficiente proteína -en pescados, mariscos, huevos, pollo o pavo sin piel, legumbres, yogur…- te mantienen llena más tiempo, aumentan la masa muscular y el metabolismo y ayudan a eliminar esa odiosa grasa que se pega a la cintura y el vientre.

2. Pon un poco de vinagre en tu vida

Una buena idea es diluir 1 o 2 cucharadas de vinagre de manzana en 1 l. de agua y beberla con las comidas. Otra es aliñar los guisos con unas gotas de vinagre. Varios estudios indican que un poco de vinagre diluido o bien con la comida (¡nunca solo!) ayuda a bajar peso y cintura y a controlar los niveles de azúcar.

3. Toma grasas, pero de las buenas

Las dietas tipo mediterráneo, ricas en grasas saludables (como las del AOVE o el aguacate, los frutos secos o el pescado azul), han demostrado ser más eficaces para controlar el peso y reducir la obesidad visceral que las bajas en grasas.

4. No te bebas las calorías

Zumos industriales y bebidas azucaradas en general tienen montones de calorías “vacías”y aumentan el riesgo de obesidad. Lo mismo pasa con el alcohol, que además desinhibe y puede animarte a comer en exceso. ¿La alternativa? Agua sola o con limón (con gas o sin gas), té verde (que favorece la combustión de grasas), infusiones y caldos limpios…

5. Llénate con fibra

Hay dos tipos de fibra: la insoluble y la soluble. La insoluble acelera el paso de los alimentos por el tracto digestivo y añade volumen a las heces. La soluble absorbe agua y se convierte en gel, retardando la absorción de nutrientes, lo cual te mantiene llena más tiempo y te ayuda a controlar el peso. Frutas y verduras, legumbres, frutos secos, granos integrales y semillas son ricos en fibra.

6. Consume probióticos

Los probióticos –bacterias beneficiosas presentes en suplementos o alimentos fermentados, como el yogur, kéfir, tempeh, natto, kombucha, kimchi o chucrut –han demostrado que ayudan a prevenir la obesidad abdominal y el exceso de peso. Las cepas del género Lactobacillus son especialmente eficaces en ese sentido.

7. Evita los productos ricos en harinas blancas y azúcares añadidos

Está archidemostrado: cuantos más productos elaborados con harinas blancas y/o azúcares añadidos consumamos, mayor riesgo de exceso de peso y obesidad abdominal tendremos. Carentes del salvado (rico en fibra) del cereal del que proceden, el organismo “lee” las harinas blancas como si fueran azúcares, lo que dispara el riesgo de obesidad.

8. Tomate un cafelito

La cafeína del café estimula el sistema nervioso central, aumenta el metabolismo y ayuda a quemar grasas. Un estudio de 12 años con más de 2.600 personas relaciona su consumo con mayores probabilidades de éxito en dietas de pérdida de peso.

9. Asegúrate suficiente hierro

Lo mismo que la falta de yodo, la carencia de hierro puede afectar a la tiroides, glándula que produce hormonas implicadas en el metabolismo. Un estudio comprobó cómo mujeres tratadas por déficit de hierro reducían su peso corporal, la medida de su cintura y su IMC. Son ricas en hierro las carnes, las verduras de hoja verde, las legumbres, los mariscos, los frutos secos, el hígado…

Fuente: Mujer Hoy (http://blogs.mujerhoy.com)

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