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Ni la de vaca es tan mala, ni la de soja tan buena como la pintan… Desmontamos los falsos mitos de los lacteos.

“¡Bébete la leche!”. Quizá esta haya sido una de las frases más repetidas por las madres durante las últimas décadas. Pero ellas no han sido las únicas en hacer hincapié sobre el asunto; a través de campañas como la de Got Milk?, Naomi Campbell, las hermanas Olsen, Gisele Bündchen, Taylor Swift, David Beckham y un sinfín de celebrities nos han animado a consumir leche de vaca con el fin de obtener sus múltiples beneficios nutricionales.

Fuente de calcio y vitaminas D y B12, este tipo de leche ha supuesto, al menos hasta ahora, un elemento fundamental en nuestra infancia y en la alimentación de mujeres en edad adulta para prevenir problemas de huesos como la osteoporosis. Entonces, ¿por qué últimamente parece tener tan mala prensa? ¿Es verdad que es más saludable consumir leche vegetal? ¿Por qué parace haber hoy en día tanta gente intolerante a la lactosa?

“No creemos que haya ahora más intolerantes a la lactosa, lo que ocurre es que se diagnostica más, porque han mejorado los test de detección y tenemos más información y conocimiento”, nos cuentan las doctoras Ana María Parra, responsable del equipo médico de Healthouse Las Dunas, y Alba Carvajal, nutricionista de Healthouse, un complejo de salud y dietética de lujo ubicado en Málaga, y dirigido a aquellas personas que buscan el bienestar tanto en el cuerpo como en la mente.

Entonces, si podemos desarrollar intolerancia, ¿puede hacernos sentir mejor no consumir leche? “La intolerancia a la lactosa se debe a la disminución de la enzima lactasa intestinal. Esta enzima va disminuyendo gradualmente desde la infancia hasta la edad adulta y puede verse afectada en determinadas enfermedades. Cuando las personas intolerantes a la lactosa consumen leche les provoca problemas digestivos. No hay que confundir esto con las alergias a las proteínas de la leche, que no son tan frecuentes. En ambos casos, el consumo de leche es perjudicial”, nos cuentan las doctoras.

“No hay bebidas buenas ni malas, porque cada una de ellas aporta diferentes nutrientes”.

Por eso, ¿son mejores las de origen vegetal? “Se elaboran con productos vegetales y agua, por lo que no contienen lactosa, ni proteínas lácteas, ni grasas saturadas, esto hace que su digestión sea más fácil y sean mejor toleradas. Suelen ser ricas en grasas mono y polinsaturadas que tienen propiedades beneficiosas sobre el perfil de grasas y las enfermedades cardiovasculares. Pero eso depende, porque hay personas que también son intolerantes a algunas de las bebidas vegetales comerciales, y no se pueden considerar exactamente leches, ya que no aportan los mismos nutrientes”.

Así que las doctoras recomiendan a las personas que desarollen intolerancia y consuman leche sin lactosa o de origen vegetal, que siempre se aseguren de mantener los niveles de calcio y vitaminas D y B12 con el consumo de otros alimentos que contengan estos nutrientes.

Pero, ¿qué ocurre cuando no tenemos ninguna intolerancia y lo que queremos es perder peso? ¿Es mejor tomar leche vegetal con mayor contenido de agua y nada de grasa? Igual que la leche de vaca contiene más grasas saturadas (3% la entera, 1,5% la semi y 0,5% la desnatada), la de soja puede tener un alto nivel de azúcar. Elegir un tipo u otro de leche no tiene nada que ver con que engordemos o no; es decir que, si nos ponemos a dieta, tendremos que elegir leche desnatada en el caso de que queramos consumir la de procedencia animal, o leer muy bien el etiquetado de las bebidas comerciales de soja ya que pueden tener azúcares añadidos.

El mundo de la leche de procedencia vegetal es muy amplio, y no es facil identificar cuál es la que le va a ir mejor a nuestro organismo. Las doctoras Parra y Carvajal nos cuentan qué aportan cada una de ellas: “Las que provienen de cereales (arroz, avena, cebada….) cuentan con un alto contenido en fibra, vitaminas y minerales; las procedentes de frutos secos (almendra, avellana, nueces…) son ricas en calcio y ácidos grasos saludables; y aquellas elaboradas con soja tienen un aporte completo en aminoácidos, lo que la convierte en la leche vegetal más rica en proteínas. Por ello, son una excelente alternativa para aquellas personas que, por circunstancias especiales, no toleran alguno de los componentes de las leches animales”.

Pero no solo de vacas vive la leche de origen animal. La de cabra, consumida generalmente a través de yogures, es una alternativa que puede generar menos intolerancias debido al diferente nivel de caseína; o el kéfir, un lácteo probiótico de origen búlgaro rico en magnesio, calcio y vitamina B.

Cuando se abre el debate de los diferentes tipos de leche, las doctoras Parra y Carvajal lo tienen muy claro: “No hay bebidas buenas ni malas, porque cada una de ellas aporta diferentes nutrientes”.

Fuente: Grazia (www.grazia.es)

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